Texto escrito por Ariel Torres para el diario La nacion:
"No se lo diga a nadie, pero detesto los cables. Debería callarme estas cosas, dada mi posición. Pero es más fuerte que yo. La enemistad es mutua, además. Si alguien puede lastimarse y, eventualmente, lastimarse bastante con un cable, ése soy yo.
Hace muchos años, antes de que existiera este suplemento, un cable pelado con el que estaba luchando hizo una de esas típicas movidas cablísticas, una trayectoria en comba que sólo logra un crack de fútbol, y las puntas de cobre entraron de costado en mi ojo, aprovechando, vilmente, el espacio dejado por los anteojos, para terminar lesionándome la córnea. El dolor es terrible, debo decir, y otro tanto el andar con un ojo vendado durante una semana. Cable 1, Torres 0.
Claramente, no nos llevamos bien. Cuando instalé el router inalámbrico lo más importante fue por fin deshacerme de todos esos feos cables grises de red, tan díscolos, por añadidura. Todo lo demás, el confort de navegar desde cualquier lugar de la casa, sumar nuevos equipos a la LAN sin mayor trámite y la mejora en la seguridad en la frontera con Internet quedaban en segundo plano. Lo más importante era haberme sacado de encima todos esos desagradables metros de cable.
Así que, con los años, he desarrollado una teoría que, lo asumo, puede sonar un poquito disparatada. Tampoco se lo diga a nadie, que quede entre nosotros. En mi opinión, los cables son una forma de vida.
La biología todavía no los clasifica de este modo, y hasta existe alguna clase de conspiración mundial que obliga a la TV a pasar documentales como "La historia del conductor de cobre" o "Cómo se fabrican los cables que usamos todos los días". Pero tengo pruebas irrefutables de que se trata de seres vivientes. Observe.
Uno de los criterios más difundidos para establecer que algo es un organismo vivo, y no un objeto inerte, es que puede reproducirse, hacer copias de sí mismo.
Hecho irrefutable: los cables se reproducen, esto es innegable y todos los hemos experimentado a lo largo de nuestra vida. La PC es un caso de manual, una suerte de criadero. Empezamos con la configuración clásica, cinco criaturas conectadas al teclado, mouse, monitor, y para conducir corriente al gabinete y la pantalla. Menos de una semana después, ya han tenido cría: lector de memorias, joystick y altavoces. Si no hacemos nada, pronto tendremos el cable de un gamepad, tableta digitalizadora, micrófono con auriculares para el chat, impresora, conexión para el celular, cargador del auricular Bluetooth, webcam, cable de red, el más peligroso de todos, porque se expande por la casa y hace que aparezca una nueva computadora en el otro extremo, donde el fenómeno se replica: teclado, mouse, etcétera.
MovilidadLos seres vivos se mueven por voluntad propia o, cuando menos, por alguna clase de tropismo, como las plantas. (Si me lo pregunta, creo que los cables son un reino a medio camino entre el vegetal y el animal, pero, de nuevo, que quede entre nosotros, porque podría sonar un tanto desquiciado.)
Hecho irrefutable: los cables se mueven sin intervención de las personas y, como narré al principio, pueden atacar ferozmente. Seres ladinos por naturaleza, los cables intentan quedarse todo lo quietos que pueden mientras no los toquemos. Esto es, desde luego, una adaptación evolutiva, una forma de camuflaje. Pero basta que tratemos de manipularlos para que empiecen con sus culebreos impredecibles. Dadas las condiciones adecuadas, atacará con un latigazo artero.
Pero mis investigaciones me han permitido descubrir que hay un fenómeno universalmente conocido que prueba que los cables son capaces de moverse por sus propios medios, sobre todo cuando no se los está observando. Sin que hagamos nada, hacen nudos. Todos sabemos esto. Podrán negarlo desde la tribuna y el atril, la comunidad científica internacional dudará de las condiciones de mis experimentos, pero todos sabemos que los cables se enredan sin nuestra intervención, y lo hacen de tal modo que puede llevarnos una hora desentrañar el embrollo.
EcosistemaLos seres vivos, al revés que las piedras o las cucharitas, eligen su ecosistema. Por ejemplo, los mosquitos buscan zonas con agua y vegetación, y son crepusculares.
Hecho irrefutable: los cables, mucho más molestos que los mosquitos, siempre se encuentran en lugares recónditos, oscuros y llenos de pelusa. La casa puede estar impoluta, y el pulcro pasará la aspiradora una vez por día detrás de su computadora... para descubrir con horror que la pelusa vuelve allí a los pocos minutos. Y vuelve allí porque forma parte del ecosistema cablístico.
Expatriará usted al perro y al gato, expulsará toda frazada y abrigo de lana, excomulgará el algodón y la gabardina, aceptará sólo tejidos sintéticos de última generación, y de todos modos, detrás de la PC, alrededor del cable del velador, a lo largo de los conductores de los altavoces del recién estrenado home-theatre la pelusa se hará presente en cuestión de horas.
Dato interesante para el criador: el ecosistema del cable puede fomentarse utilizando una zapatilla. Este componente, un verdadero almácigo, les permite a los cables reunirse y, de paso, junta cantidades industriales de pelusa. Una PC funciona, en cierta forma, como una súper zapatilla para diversas especies de cables (ver más adelante), con el añadido de unos ventiladores especialmente diseñados para atraer pelusa.
MetabolismoLos organismos vivos consumen energía, y así mantienen una cierta temperatura interna y demás.
Hecho irrefutable: los cables conducen electricidad en alguna forma. Lo que normalmente se enmascara detrás de un principio físico, el de la resistencia eléctrica , es en realidad la demostración cabal de que los cables tienen un metabolismo y se alimentan de electricidad. A pesar de que creemos que un cable de corriente es diferente del cable del teléfono o de los altavoces, que transportarían sonido, o el de red, que conducirían datos, la verdad es que todos llevan en sus entrañas lo mismo: alguna forma de electricidad.
Lo diré más claro, un cable es una forma de vida que medra entre la pelusa y se alimenta de electricidad.
EvoluciónPara completar una demostración que a estas alturas no parece tener fisura, diré que los seres vivientes se adaptan a su entorno. Esto es, responde a los cambios en el ambiente y, eventualmente, con el tiempo, las especies evolucionan.
Hecho irrefutable: hace muchos años, cuando yo era chico, había en casa unos pocos cables con unos enchufes de baquelita negra con un tornillo que parecía el remache de un superpetrolero. No había computadoras, TV color, calculadoras de bolsillo, celulares ni Internet. Pero tan pronto este estado de cosas cambió, los cables evolucionaron rápidamente, y hoy tenemos una diversidad que puede equipararse a la que siguió luego de la Gran Explosión del Cámbrico ( http://en.wikipedia.org/wiki/Cambrian_explosion ).
Sin entrar en detalles, basta mirar los enchufes de hoy para alarmarse: con tres patas, con dos en paralelo, con dos en ángulo, con patas gruesas de corte circular, con patas delgadas de corte circular, USB, FireWire, mini USB, VGA, DVI, para puerto paralelo, para puerto serie de nueve patas y corte cuadrangular, para puerto serie con corte circular y 8 patas, plug, miniplug, RCA, MIDI, Ethernet... Y ni hablar de las diversas clases de conductores, desde el humilde cable de velador hasta esa especie de momia de los cables que se usa para la plancha, pasando por el coaxil, con su armadura de malla al mejor estilo de los caballeros medievales.
Y el número sigue en aumento, tanto como la diversidad. Afortunadamente, hemos tomado el camino inalámbrico. De otro modo, y al paso que vamos, los cables podrían fácilmente convertirse en la especie dominante del planeta"
Un saludo a toda la comunidad!











